Todas las personas que entran a nuestra vida vienen aprender y enseñarnos algo de nosotros mismos. Cuando eso se termina y no hay nada más que dar y recibir, su papel en nuestra vida y la de nosotros en la de ellos, también tiene su cierre de oro, plata o quizá bronce. No lo sé. Lo que si estoy segura, es que algunas de esas personas al recordarlas nos dejan un buen sabor durante el día y eso se vuelve lo máximo.
En estos momentos, recuerdo cuando era una prepatoriana y entré al último año de esa etapa de vida que algunos les parece inolvidable, conocí a mi mejor amigo. Ese chavo que admiro por su gran capacidad de expresión y sus ganas de salir adelante. Con el chico que viví tantas experiencias, como el ir de misiones a una comunidad mágica la cuál me dió mucho más de lo que yo pude haber creído, reunirnos cómo cada sábado y descubrir la bella vocación de ser catequista, nuestras charlas interminables y esa complicidad para lograr juntos nuestros sueños, esas clases de canto, esas diferencias que dejaban tantas enseñanzas, esos dos años alejados que me mostraron en cierta medida quién soy y me ayudaron a darme cuenta de tantas cosas, esa reconciliación mágica y única en medio de un recuentro de amigos, su ayuda para mi primer taller de sensibilización, esas salidas únicas que dejaban gratos momentos... y hoy después de tiempo que ya no compartimos esa complicidad de ser "los mejores amigos por siempre", me doy cuenta que las personas si van y vienen. También que, cuando una puerta se cierra, es porque se abrirá una nueva ventana mucho más grandota y bella.
Porque el día de hoy, descubro que aunque él ya no esté aquí conmigo, el hecho de saber que le va excelente en lo haga, el darme cuenta de todo lo que me enseñó y que en cierta medida la personas que hoy soy es porque algo de toda esta historia se quedó impregnado en mi y al recordarlo, se quedará marcada en mi una gran sonrisa, que la llevaré puesta todo el día. Y también, hoy sé que el dejó el camino abierto para conocer a nuevas personas y con ellas aprender otras cosas nuevas, crecer yo como persona y sobre todo sé que la vida es como una oruga y una mariposa o un estado gaseoso, líquido o sólido: simplemente es transmutación.
Por eso, como canta Conchita, todo Puede ser (http://www.youtube.com/watch?v=AV-k6Q2LvPU&feature=related), y antes de pensar como si una película de una cámara analógica se hubiera quemado y todas sus fotografías solamente fueran negros, hay que pensar porqué no...? Al final del camino no hay pasado, ni tampoco futuro, solamente existe este preciso momento.
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